Organic Sculptures
Rafaela Pareja. Del 10 de octubre de 2015 al 4 de abril de 2016
Invitación al origen

Ricard Silvestre.
Universitat de València - Estudi General


Hasta aquí puedo comprender: que una teoría física (como la de Newton) no puede resolver los problemas que preocupaban a Goethe, inclusive si él mismo tampoco los resolvió.
Observaciones sobre los colores. Ludwig Wittgenstein

Tal vez sea cierto que el concepto de Naturaleza implique un modo de decir perfección, y ésta última se corresponda con el conjunto de realidades que, siendo contempladas como unidas, constituyan el mundo físico. Por eso, aquella perfección que abrazó la Physis griega (Φυσις) se planteó en tanto que origen de realidad o principio, el arché remitido a distintos elementos materiales: el agua, el aire, lo indeterminado, lo impreciso... La búsqueda del mismo inició la filosofía y un arte que, procediendo del primitivo hombre asombrado, se estableció como un cosmos, un todo ordenado por naturaleza. La cuestión, ahora, es que vida y materia, en la obra de Rafaela Pareja (Xàtiva, 1962) son la misma cosa.
De lo natural hacia lo sublime se atraviesa el territorio níveo de la textura y de la armónica belleza en movimiento, el land de los nuevos seres que pueblan el universo brotando, engendrándose de lo que es en sí y reconocible por sí. El sustrato creativo acontece pues, en la obra de la artista valenciana, ligado doblemente al origen a partir del cual se generan sus piezas, que es también la causa que permite explicar las transformaciones de nuestro entorno fundamental en sus esculturas. Autora de lo viviente en la tierra decantada, señalamos a una contemporánea ceramista presocrática, cosmóloga sorprendida por lo ínfimo que va determinando nuestro bios, comprometida hacedora de una respuesta estética vinculada a la aptitud para vivir. Así, en la suave y sutil elegancia de su obra resuelve la disposición para la vida. Junto a las armonías y desde las consonancias curvadas parecen resonar los volúmenes de J.Arp a la vez que el mar de Mileto, sus erizos y esponjas, sus ideas condensadas en pequeñas nubes que, tras atravesar la luna, se transforman en lágrimas. Ecofilosofía a más de mil grados de temperatura. Cerámica de la emoción y los sentimientos. Directa e intuitiva a la hora de construir las notas constitutivas del objeto. En definitiva, un arte que además de concebible como la naturaleza, emana de ella.
El proyecto de R. Pareja es emanantista, siendo su obra mundo producido (Natura Naturata) derivado de la fuerza creativa (Natura Naturas). En aquella Sustancia de Spinoza, en su Deus sive Natura, podríamos incluir los cilindros incrustados, las gotas de porcelana, la arcilla refractaria, los óxidos, los platos, el tiempo, las medusas, los animales, los hombres, las mujeres, y la vida. Ese es el curso eterno de las cosas que la artista setabense nos entrega, pero cediéndonos primero el percibir las cosas bajo cierta especie de eternidad en donde la voluntad y el entendimiento permanecen unidos y se cuecen mutuamente. De nuevo, y si seguimos el trayecto abierto por el filósofo holandés del s.XVII, cerámica que ya es naturaleza.
Y, finalmente, en ese encuentro de la intuición estética en la naturaleza, R. Pareja muda las formas a la luz de Gea, aquella sobre la cual James Lovelock predijo el ser consciente de sí misma. En esta exposición, Gaia está liberada por examinada, reconocida por rebelada, prevenida de su agotamiento. El consejo es apreciar el arte en su noosfera, hacer durar la poética de lo táctil en los ojos, y regenerar nuestra conciencia innata, connatural, consustancial. Un reto visual autoregulable, pero un desafío vital que conlleva ir al origen.
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